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Soberanas tonteras

29/07/2011 Sin Comentarios

Francisco Faig, diario El País – 23.07.2011

Se hizo público un documento del Estado Mayor de la Defensa que debe llamarnos la atención porque participa de esta deslucida moda de querer limitar la compra de tierra por parte de extranjeros.

En vez de preocuparse por controlar el espacio aéreo nacional, la seguridad de nuestro territorio marítimo y la profesionalización de nuestro ejército -que ninguna de las tres dimensiones se cumplen hoy correctamente- los militares machacan allí sobre los recursos naturales estratégicos, los intereses vitales y la soberanía del país.

Hay Estados que compran tierras. Corea del Sur, Egipto, Bahrein, Arabia Saudita, India, Japón y China entre otros, a países como Madagascar, Etiopía y Sudán. Y hay estadounidenses, japoneses, brasileños, argentinos y uruguayos, por ejemplo, que compran tierras en países extranjeros.

El capitalismo funciona así y nuestra prosperidad agropecuaria actual se debe también a estos cambios que introdujeron mejoras técnicas, empresariales y de gestión, junto con la propiedad de la tierra en manos argentinas, españolas o brasileñas.

El nuestro es un país que desde siempre recibió extranjeros que con sus artes y oficios vinieron a aportar su pujanza y a intentar cumplir con el sueño de vivir un futuro mejor haciéndose la América.

Si mañana la multinacional surcoreana Daewoo Logistic quiere invertir 700 millones de dólares en la compra de 100 mil hectáreas de tierras agrícolas en el litoral, para mejorar la productividad, desarrollar el comercio, pagar impuestos y propender a la prosperidad colectiva, ¿vamos a impedirlo porque son coreanos que quieren plantar trigo y soja?

¿Se pierde por ello control sobre los recursos naturales? No. ¿Es un fin en sí mismo que las fases industriales y comerciales de los productos agropecuarios deban ser uruguayas? No. ¿Debe ser un objetivo nacional arraigar a la gente en el campo? No.

Detrás de esta apelación a la soberanía se esconde un sentimiento xenófobo tan peligroso y primitivo como antipatriótico.

Porque en el Uruguay, todos somos descendientes de barcos. Porque nuestra identidad nacional debe forjarse desde la apertura y la pluralidad. Porque no hay prosperidad y construcción de un país de primera, modelo para el mundo, desde la postura del encierro que despierta miedos provincianos y quiere protegerse de un mundo que se desarrolla y cambia.

Finalmente, ¿tienen que incorporarse todas estas dimensiones económicas a la defensa nacional y, por tanto, a la planificación de la reestructura de las Fuerzas Armadas? De ninguna manera. El documento del Estado Mayor de la Defensa quiere abrir un camino peligroso en el que los militares, desde sus escasos conocimientos de política internacional, se arrogan el derecho de opinar de temas que no les corresponde.

Las decisiones que atañen a mecanismos de inversión internacional son políticas. Pasan por el Parlamento, que es donde reside la soberanía del pueblo. No hay interpretación de la soberanía que valga para legitimar un papel militar que no corresponde. Zapatero a tus zapatos.

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