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El valor de los valores

29/07/2011 Sin Comentarios

Oscar Silveira

En estos días se ha informado que una investigación -realizada por el gobierno pasado- entre jóvenes y adolescentes muestra que el primer deseo es transformarse en narcotraficantes.

Ya no es futbolista, músico o profesional, narcotraficante.

Las sociedades se hacen detrás de los modelos de vida que construyen, ahí está el verdadero secreto de sociedades como la norteamericana o alemana. Detrás de la visión idealizada del emprendedor comprometido con su idea y su país esas sociedades han generado el mayor desarrollo de nuestra historia.

Y nosotros generamos: frustrados o futuros narcotraficantes.

Que queda claro que esto no es una cuestión natural del joven. Estas idealizaciones o caminos de éxito son construcciones sociales que acompañan e influyen, no son creación de una juventud enferma; la enferma es claramente la sociedad uruguaya.

¿Cómo podemos entender que los jóvenes tengan no solo como opción válida sino como la primera opción se narcotraficante? La opción mas simple sería negar, decir que la investigación no debe ser válida. Aunque esto se parece mucho a imitar el comportamiento de la avestruz.

Que un buen número de jóvenes vean esta como la principal opción de éxito marca el contexto en que vivimos como sociedad.

Marca la falta de valores pues nadie desconoce lo que conlleva el narcotráfico.

Marca el entorno en el que crecen nuestros jóvenes, la falta de opciones positivas para recorrer el camino hacia el reconocimiento y el éxito personal.

Marca las dificultades que el joven ve en su inserción al mundo adulto formal y la falta de atractivo en el proceso tradicional de crecimiento.

También nos muestra la victoria de la opción del camino “fácil” para enriquecerse frente a la solidaridad y compromiso con sus pares. Todos sabemos a costa de que se hace rico el narcotraficante. Quizás esta sea la peor constatación de todas.

Finalmente, marca la derrota absoluta de los sistemas de educación e inclusión social. La familia y el Estado nadie está haciendo bien su trabajo. Los jóvenes son víctimas de su sueño.

Que hacer frente a esta realidad, primero darnos el baño de realidad de lo que esto implica; golpearnos la cabeza y que duela realmente.

Salvo los propios narcotraficantes nadie en la sociedad uruguaya pretende o esperaba esta respuesta. Ningún partido, sector o político puede congraciarse con esta noticia.

Claro que una sociedad que no premia el éxito, una sociedad que se acostumbró a esconder y a ensañarse con los que tiene éxito es el caldo de cultivo perfecto para estas situaciones.

Esta señal de alerta debe de unirnos para buscar una forma de incluir a los jóvenes y de crear nuevas conductas que nos ayudan a sanar nuestras profundas heridas.

La sociedad toda debe tomar conciencia de la necesidad de repensar sus valores, que debemos generar modelos de éxito y luego premiarlos.

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