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Apertura y excelencia

22/07/2011 Sin Comentarios

Editorial, diario El País – 16.07.11

El Uruguay está feliz por la nueva campaña de su fútbol. Como en 2010, se viven momentos de fiesta colectiva y asumimos que se puede alcanzar el éxito deportivo. ¿Qué ha hecho que la selección uruguaya esté en los primeros planos internacionales? El trabajo, la planificación, el método. No hay espasmos ni hay iniciativas de coyuntura. Hay previsión de largo plazo. Para competir con poderosos países que también tienen en el fútbol a una pasión nacional -como Alemania o Brasil por ejemplo- se precisa un espíritu de apertura y excelencia que, después de años de fracasos, fue el que progresivamente ganó terreno en nuestra lógica deportiva.

 

En primer lugar, una actitud de apertura. Porque hay mucho para aprender de experiencias exitosas en otros países, que han dado resultados positivos y dejan muchas enseñanzas. Para ello, importa entender que no es en el pasado de gloria que hay que ir a buscar nuestros modelos de gestión. Ellos fueron sin duda eficientes para cierta época, pero no lo son más hoy en día. A nadie se le ocurriría, por ejemplo, pretender ser campeón mundial hoy sobre la base táctica y el entrenamiento físico de los atletas de Maracaná.

Levantar la mira, estar dispuesto a asumir enseñanzas, abrir la mente y ser consciente de que el mundo ha avanzado y que países antes mediocres en fútbol, hoy pueden ser modelos. Hace cuarenta años, por ejemplo, a nadie se le hubiera ocurrido que Uruguay fuera a disputar con tanta expectativa un cuarto de final con un desconocido país de África.

En segundo lugar, esa actitud de apertura fue acompañada de un sentido de excelencia. No hay garra charrúa, ni hay una esencia nacional superior, ni hay una mística romántica que todo lo puede. Esas son explicaciones que ocultan lo que verdaderamente ocurre. Lo que sí hay es espíritu de sacrificio, horas de trabajo, constante voluntad de mejorar, sentido de excelencia. No es en vano ni es casualidad que los principales jugadores de la selección son, sobre todo, excelentes profesionales. Se terminó aquella lógica de que se podía ganar a los empujones, de milagro, por suerte o casualidad, por genialidades y oportunismo. En el mundo competitivo actual, para ser balón de oro o ser campeón sudamericano se precisan horas de entrenamiento, sentido de responsabilidad, mucho trabajo y voluntad de ser el mejor. Por supuesto que, como en cualquier deporte, ayuda la suerte.

Pero ningún resultado exitoso hoy en día, en esa alta categoría de competencia, puede ser atribuido a la suerte, al espíritu de Maracaná, o a mitos semejantes.

La selección de fútbol logra transmitir que esos valores de apertura y excelencia están en el fundamento de su exitoso proceso actual. La sociedad así parece entenderlo. Sin embargo, esos fundamentos en los que ella se apoya no terminan de permear a otras dimensiones de nuestra sociedad. No logran todavía ser un ejemplo para otras actividades del país.

En efecto, al mismo tiempo que vivimos con alegría esta fiesta colectiva, ganan terreno ideas opuestas a lo que es el sustento de nuestro éxito deportivo. En vez de la apertura y la excelencia en la economía y la sociedad, cedemos a la tentación de cerrarnos y protegernos del mundo, creyendo que así podremos salir adelante: allí están las iniciativas de limitar las inversiones extranjeras en el campo o de probar recetas estatistas que ya demostraron su fracaso como lo fue el frigorífico nacional.

En vez de mayor sentido de sacrificio y voluntad de trabajo, creemos que la bonanza económica es un derecho adquirido a futuro: allí está la incapacidad nacional por exigir mayor productividad a la tarea del Estado en cualquiera de sus dependencias; allí también está la iniciativa de dar dinero a jóvenes en el sistema educativo sin exigir casi nada a cambio.

Pocas veces hubo ejemplo tan querido popularmente como la selección de fútbol para percibir hasta qué punto la apertura y la excelencia son necesarias para alcanzar el éxito colectivo. Pero, como sociedad, precisamos que esa actitud y esa exigencia trasciendan lo deportivo.

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