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Perdiendo una gran oportunidad

15/07/2011 Sin Comentarios

Hernán Bonilla

Hace unos días el economista Ignacio Munyo, de Ceres, fue invitado por la Juventud de Concordia Nacional a realizar una exposición sobre “El nuevo orden económico global y la gestión del nuevo gobierno: una evaluación en profundidad”. Ceres es una institución independiente dedicada a la investigación en economía, y por lo tanto también independiente de todo partido político. Sin embargo, creo que es muy bueno que existan instancias en las que pueda dar su opinión a distintos partidos políticos y otro tipo de organizaciones para enriquecer el debate público. La nutrida concurrencia demostró el interés que despertó la charla, que ojalá señale un camino que sería deseable transitar, aquel en que los grupos políticos -todos- vayan dejando de lado el talenteo por el asesoramiento profesional. Lo que sigue es mi comentario de la exposición, no un resumen, por lo que las opiniones son de mi exclusiva responsabilidad.

EL CONTEXTO EXTERNO. Un modelo desarrollado por Ceres da cuenta de un fenómeno que a muchos puede llamar la atención: el desempeño de la economía uruguaya puede ser explicado con sorprendente precisión por factores externos. En particular, el crecimiento mundial, el precio de los commodities y las condiciones financieras internacionales permiten predecir muy bien el desempeño del producto uruguayo. De esto no debemos deducir que las políticas internas no importen, como veremos luego, pero sí que debemos tener en cuenta que el contexto internacional es muy importante, cuando es favorable y cuando no lo es.

Un componente central del nuevo orden económico global es que los países emergentes tienen el 34% del producto mundial y cada vez tendrán una mayor parte porque continúan creciendo más que los países desarrollados. Esto también es importante para Uruguay, ya que son los países emergentes los que impulsan el crecimiento de la demanda de commodities y sus precios (el 25% de las importaciones de Brasil, Rusia, India y China en 2009 eran materias primas). También en cuanto a los precios la situación sigue siendo muy buena. El índice de precios de productos primarios de Ceres, que incluye los productos primarios que exporta Uruguay, muestra un crecimiento de 34% de 2006 a marzo de 2011. Si a lo anterior sumamos que existe un gran ahorro a nivel mundial, bajas tasas de interés y diversidad de recursos financieros, podemos concluir que el entorno internacional sigue siendo extraordinariamente favorable.

Uruguay está en el cluster brasileño como uno de sus integrantes arquetípicos. A 2009 el 76% de sus exportaciones totales eran commodities, un 32% de las exportaciones de bienes tenían por destino los países desarrollados y solo un 11% de las de servicios, mientras que del total de las inversiones extranjeras directas el 39% era de países industrializados.

Como vemos, uno de los casos más claros del continente de altísimo componente de commodities en las exportaciones y una menor exposición relativa al riesgo de recesión en las economías del primer mundo. Uruguay es uno de los países más favorecidos a nivel global del actual contexto y eso es lo que explica su crecimiento.

El análisis de Ceres divide a América Latina en dos zonas, el cluster mexicano y el cluster brasileño. Mientras que Brasil muestra un crecimiento de su producto, consumo privado, importaciones e inversiones superior a la tendencia previa a la crisis 2008-2009, el caso de México es exactamente el contrario. Brasil y los países que integran su cluster comparten las características de que sus exportaciones netas de commodities son positivas y que están menos expuestos a los shocks negativos de los países industrializados, porque el peso de sus exportaciones a estos países es menor y porque reciben menos remesas.

LA SITUACIÓN INTERNA. Uruguay viene creciendo a tasas altas en términos relativos al promedio latinoamericano y muy altas en relación a su propia historia. Con un crecimiento demográfico escaso, esto se traduce naturalmente en tasas también elevadas del crecimiento del producto por habitante. No exagera el presidente Mujica cuando dice que en unos años podemos tener un PIB per cápita de país de primer mundo. Además, el desempleo está en niveles históricamente bajos y el salario real crece. Salvo que estalle la bomba de tiempo que siempre es Argentina, o alguna crisis en los países que lideran el crecimiento mundial, el contexto nos va a seguir impulsando por un tiempo más. Todo parece demasiado bueno para ser verdad.

El tema en discusión no es la bonanza, que existe y es una de las más espectaculares de la historia registrada del país. La discusión debería ser cómo la estamos aprovechando, qué reformas estructurales estamos haciendo para consolidar el camino del crecimiento y qué estamos haciendo para cuando las condiciones internacionales dejen de hacernos crecer por inercia. Estos años, desde 2003 en adelante, bien podrían haber sido el trampolín para hacer del Uruguay un país de primera, pero algo está fallando.

En primer lugar, la política macroeconómica no fue prudente, todo lo contrario. Desde diciembre de 2003 a marzo de 2008 el crecimiento del gasto público fue superior al de los ingresos, creciendo ambos en forma exponencial. El actual presupuesto votado el año pasado vuelve a ser fuertemente procíclico y este año ya se anuncia un déficit fiscal al menos 0,5% del PIB superior al previsto, lo que es un despropósito. A esto se suma el problema para controlar la inflación y que ya es norma la violación de las metas que el propio Banco Central se fija, lo que lleva a que pierda confianza.

En segundo lugar, el mercado laboral se ha esclerosado, gracias al crecimiento del poder de las corporaciones sindicales, lo que augura tiempos difíciles cuando caigamos en la cuenta de que los aumentos salariales no ligados a aumentos de productividad son papel pintado. Según datos de Ceres, Uruguay en un ranking normalizado a 100 países, está en el puesto 83 en flexibilidad laboral, 91 en cooperación sindical-patronal y 99 en descentralización salarial.

Un tercer aspecto relevante es que tenemos un atraso crítico en inversión en infraestructura. Amén del análisis clínico del estado de rutas y caminos para quien recorre el país, figuramos mal en los rankings de red ferroviaria, red vial y aeropuertos. También estamos mal en infraestructura tecnológica, en cuanto a velocidad para cargar información en internet estamos 89 en 100. La falta de inversión en infraestructura de los últimos años es el cuello de botella interno para mantener las altas tasas de crecimiento. El presupuesto para esto es muy pobre y la ley de Participación Público Privada, por varios aspectos que dejamos para un próximo artículo, está bien orientada pero es absolutamente insuficiente.

En cuarto lugar, la eficiencia del sector público es un problema que no es nuevo. En el ranking que mencionamos antes Uruguay está 35 en materia de regulación, mientras Chile está 8 por ejemplo, estamos 75 en burocracia y 96 en peso del Estado en la economía. Bajar el costo del Estado, por lo tanto, no es un eslogan, es uno de nuestros principales problemas en la actualidad.

Quinto y último, pero no menos importante, la educación, pese a haber tenido aumentos sustanciales en su presupuesto, está cada vez peor. Los resultados de las pruebas PISA demuestran que estamos teniendo serios problemas a la hora de formar en capacidades para el mundo del trabajo. Si no logramos cambios radicales en el gobierno de la educación, derogando la ley votada en el período anterior para empezar, y cambiamos el foco de los sindicatos a los alumnos, “estamos fritos”.

CONCLUSIÓN. Como en cada charla, Ceres nos aporta buen material para la reflexión. En este caso, como el amable lector habrá notado, me generó además una profunda preocupación sobre el futuro del país. Si desperdiciamos la formidable oportunidad que brinda la bonanza económica que vivimos para hacer las reformas necesarias, cuando cambie el viento solo podremos lamentarlo.

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