Tenemos que hacernos entender. Tenemos que hacernos esperar.
Jaime Mario Trobo
Los Blancos empezamos a transitar un camino que ya recorrimos muchas veces. El camino de persistir en nuestros ricos ideales, los que han estado de moda en ocasiones y fuera de ella en otras, pero que han sido los mismos desde nuestra congregación. El Partido Nacional, desde su fundación como defensores de las leyes, no es otra cosa que la articulación política con expresiones electorales de una ideología que ubica en su centro al ser humano y su libertad, y a la búsqueda permanente de la mejor forma de organizar la sociedad respetando esos principios. En esa búsqueda, la solidaridad y el propósito de generar las condiciones de un desarrollo saludable y con ocasiones para el ser humano y su familia, respetar su autonomía, estimular su creatividad, respetar sus opciones personales y alimentar el propósito de lograr el objetivo colectivo de vivir en una sociedad prospera, son componentes esenciales.
Esta es una definición personal, es una interpretación que compartimos muchos blancos del motivo que orienta a nuestra colectividad, y es el centro del origen de la larga marcha que nuestra corriente ha realizado y realizará, pues responde a principios connaturales al ser humano, porque nos entendemos como individuos libres e independientes, creemos en sus condiciones extraordinarias para superar adversidades y decidir el futuro y en la estimulante formula de compartir el resultado del esfuerzo cuando toda la sociedad lo realiza, mas allá o más acá de lo que cada uno sea.
Tenemos la convicción que el estado, la organización burocrática y formal al servicio de las personas para asistirlas en su organización que les permita convivir y construir colectivamente, superando las dificultades individuales y generando condiciones democráticas de acceso a servicios imprescindibles para el desarrollo humano, nunca puede dejar de tener un rol de apoyo, de respaldo, de facilitación con los individuos y sus familias. No creemos en el estado omnipresente, totalizador, determinante, sino en uno facilitador, estimulante y justo.
En el camino que reemprendemos, suenan alarmas que confunden a algunos. Como un partido político democrático y republicano no entiende otro modo de llegar al gobierno que el de la asignación por la ciudadanía, un desafío es su conquista. Una alarma resulta de la orientación que parece tener una mayoría de la opinión pública que nos excluiría de la opción de conquistarla. “Si mas del 40% de la opinión pública se autodenomina de izquierda”, como vamos a conquistarlo preguntan algunos compañeros si no elaboramos un discurso para ellos?”. Es un problema, que por lo pronto no resolveremos con travestismo ideológico, sino trabajando duro para darle a nuestra matriz originaria una presentación actualizada, que se comprenda que la libertad no excluye la solidaridad, pero que requiere garantías permanentes para su ejercicio y que esas garantías las brinda el estado de derecho.
Otras alarmas nos anuncian la necesidad de adecuar el funcionamiento partidario a tiempos distintos, a estímulos diferentes a la opinión pública, a procedimientos en ocasiones inusuales para la tarea política tradicional y es obvio que en ello es inminente tomar decisiones. Para ello abrir la cancha todo lo posible para nutrirnos de experiencia y diseño de método de trabajo que ofrezca eficacia.
Otra alarma, y me preocupa especialmente, es la que anuncia el peligro de un partido electoral, que sólo se orienta estimulado por la campaña o un comicio y al servicio de esta instancia determinante pero circunstancial disminuye el perfil nítido de su idea original. Este debate, este análisis no puede quedar restringido a los que ocupamos posiciones, por importantes y dignas que sean, tanto en la estructura partidaria como en posiciones de gobierno; debe convocar a miles de ciudadanos que son tan blancos como nosotros, profesan nuestro ideal, lo practican, nos conceden posiciones, y tienen tanto derecho como nosotros a los análisis y las reflexiones. Hay hombres, mujeres, jóvenes, veteranos, estudiantes, desempleados, grandes empresarios, influyentes abogados y científicos, empleados públicos, sindicalistas, productores, gente de la cultura, que están en el país o fuera de él, que tienen el derecho, debemos habilitarles el camino de ejercerlo constituyéndolo en un deber, de dar su opinión para que el Partido de la Libertad aparezca a los ojos de los que deciden como la gran esperanza.




Envíenos su comentario