Se agotó el modelo
Francisco Gallinal
Seguramente la unanimidad de los dirigentes partidarios que participamos el pasado sábado de la jornada de reflexión, más allá de las coincidencias y discrepancias que forman parte de la democracia interna, salimos conformes y satisfechos. Nos dimos la oportunidad de analizar los resultados electorales, y comenzar a definir una línea de acción futura adecuando a nuestra colectividad a los nuevos desafíos, y muchos concluimos que debemos repetir ésta experiencia en todo el país, no necesariamente con los mismos actores.
Pensamos que es bueno también que la gente sepa que el Partido Nacional tiene la humildad suficiente para aceptar sus errores, y trabajar con el propósito de enmendarlos. Especialmente es una buena noticia para sus adherentes, que quieren de nosotros y de quienes tienen o tengan en el futuro la responsabilidad de conducir, más de lo que hemos dado. Y hacen bien; a los dirigentes, a los gobernantes, siempre hay que pedirles más de lo que han hecho.
La información que ha trascendido sobre el encuentro ha sido por demás abundante y contradictoria. Quizás allí puedan aparecer algunas discrepancias respecto a si está bien que un partido político haga un desnudo público de su estrategia, o mejor sería tener cierta dosis de confidencia en algunas de las reflexiones vertidas. No con el propósito de ocultar, que no está en la esencia de nuestro Partido, un Partido de Asamblea, sino de reservarnos un mínimo de información para elaborar nuestra estrategia que, por cierto, nuestros adversarios no tienen porque saber de nuestra intimidad.
De todas formas el balance, al menos hasta hoy, sigue siendo muy positivo. Podemos agregar a lo que se ha dicho, que reinó un clima de respeto y camaradería que es, sin dudas, toda una señal positiva; y que se concluyó que, más allá de la derrota, tenemos un Partido Nacional fuerte, sano, renovado y llamado a continuar un intenso proceso de renovación, constituido en la segunda fuerza política del país tanto en lo nacional como en lo departamental. Por ende, en condiciones de dar la batalla, por supuesto, si hacemos las cosas bien en los próximos tiempos.
Nosotros insistimos mucho en la necesidad de adaptar la colectividad a los nuevos tiempos, manteniendo por supuesto su esencia, sus principios, su razón de existencia. Esa necesidad surge porque, a nuestro juicio se agotó un modelo.
La crisis del 2001 que sacudió y golpeó duramente a la sociedad uruguaya, fue un factor importante en el desenlace de la elección del 2004 y volvió a serlo, por otras razones, en el 2009. El gobierno se floreó comparando los datos económicos del 2001 y 2002 con los del 2008 y 2009, tanto en los temas del crecimiento, como en los índices de desempleo, y en definitiva se concluyó en que con el triunfo del Frente Amplio en el 2004 se terminó un modelo. Se terminó el modelo del ajuste, de decirle NO a los beneficios, de negar los Consejos de Salarios, de decirle no al subsidio como instrumento para el desarrollo de planes de solidaridad y contingencia.
Lo que realmente sacude a la gente y queda en su pensamiento es la comparación, el contraste, entre la crisis del 2001-2002, y la situación económica y laboral del 2009 que notoriamente es, como no podía ser de otra manera, superior a aquella dura situación que vivió el país. No es una comparación justa, por supuesto. Pero es la que no solamente hace el gobierno, sino la propia gente.
Por consecuencia, debemos definir en los próximos tiempos, a la luz de nuestra esencia y de nuestros principios, un modelo de país adaptado a los tiempos que corren. Como tantas veces lo ha hecho, y con éxito, nuestro Partido Nacional a lo largo de la historia del país.





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