Libertad y Democracia
Por José Pedro Isasa - Opinión Nacionalista
La anunciada reflexión del Partido Nacional me animó a pensar en algunos temas al respecto, el primero de los cuales acerca de las definiciones básicas que dan sentido a su existencia.
Para ayudarme en esta etapa inicial, recurrí a la lectura de dos liberales franceses: Alexis de Tocqueville, de origen aristocrático, pero profundamente enamorado de la Democracia que vio en sus formas incipientes en los Estados Unidos de la primera mitad del Siglo XIX, y Edgar Morin, que abrazó al socialismo del Partido Comunista de Francia después de la Segunda Guerra Mundial y se apartó de él, desilusionado por el camino totalitario del Stalinismo que conoció y sufrió en Alemania Oriental, para convertirse en uno de los pensadores demócratas más sólidos que podemos disfrutar hoy en día, a los más de sus ochenta años.
Esas lecturas y algún análisis personal me condujeron a estas primeras conclusiones:
Ningún Partido pretende la injusticia, la infelicidad, el egoísmo, la falta de trabajo, la pobreza.
Las diferencias en esos planos están en los medios que se usen para lograr fines loables y no en ellos mismos.
Las mayores distinciones se encuentran en los énfasis a poner en la tensión existente entre Libertad e Igualdad, y el Partido Nacional lo pone en la Libertad. Al igual que Tocqueville, podemos afirmar que “Habría amado la libertad, en cualquier época, pero en los tiempos en que estamos me siento inclinado a adorarla”.
Ello, porque el Partido Nacional dedica el centro de su atención a la PERSONA HUMANA INDIVIDUALMENTE CONSIDERADA, lo que no quiere decir que no luche por el bien común, pero con la condición de no caer en colectivismos despersonalizantes.
Consecuencia de esto es su porfiada defensa del ESTADO DE DERECHO, como límite de cualquier posible avasallamiento del Estado sobre la Persona.
Pues -volviendo a Tocqueville- “Sin respeto a los derechos no hay gran pueblo: casi se puede decir que no hay sociedad; porque ¿qué es una reunión de seres racionales e inteligentes en la que la fuerza es la única relación?”.
Sólo el Estado de Derecho y el Orden Social pueden poner freno a dos riesgos para la Libertad en Democracia: la segregación social, con sus cuotas de extendida pobreza y miseria, como resultado de la caída en un individualismo que desdeñe los intereses comunes, y el centralismo democrático, que produce una concentración de poder que conduce al despotismo.
La preferencia por la Igualdad ante la Libertad puede tener, como resultado, la construcción de un Poder empeñado en la uniformidad social.
Hoy llamamos “lo políticamente correcto” a una situación en la que las opiniones contrarias se castigan con el rechazo social, la marginación y la autocensura. La Democracia se convierte así en una tiranía de la mayoría, que condena la pluralidad y la iniciativa individual.
Tocqueville alertó que “la Democracia concebida como tiranía de la mayoría pone en peligro la libertad y la independencia personales”. Y hace un llamamiento al individuo, “para que se movilice contra los pronunciamientos igualitarios que envenenan la Libertad y pervierten la Democracia”.
El amor al prójimo hace que las sociedades siempre estén tentadas de poner énfasis en la Igualdad frente a la Libertad y aceptar incluso alguna coacción, siempre y cuando el poder público proporcione el mínimo nivel necesario de bienestar y seguridad.
Por ello, Morin plantea que la Democracia está basada en permitir el desarrollo armónico de la relación rica y compleja entre individuo y sociedad, para que los hombres y la sociedad puedan entre sí ayudarse, crecer, regularse y controlarse.
“La Democracia se funda sobre el control del aparato del poder por los controlados y así reduce la esclavitud”.
“En la Democracia el individuo es ciudadano, persona jurídica y responsable que, por un lado, expresa sus deseos e intereses y, por el otro, es responsable y solidario para con sus semejantes”.
Para ello, la Democracia necesita desarrollar, proteger y facilitar la existencia de diversidades y antagonismos.
“La experiencia del totalitarismo ha revelado un carácter fundamental de la Democracia: su vínculo vital con la diversidad”.
El respeto de la diversidad significa que la Democracia no se puede identificar con la dictadura de la mayoría sobre las minorías. Ella debe incluir el derecho de las minorías y contestatarios, en su existencia y su expresión.
Estoy convencido que el Partido Nacional es depositario de este modo de ver la realidad y custodio de estos valores. Su lucha está llena de acechanzas, porque la Historia demuestra que la Libertad sólo es valorada y defendida en plenitud cuando se ha perdido.
Y la Democracia tiene la fragilidad de toda construcción que, por humana, está sometida a veleidades, errores y pasiones absolutistas, aun desplegadas con la mejor intención.
Ello hace indispensable ahondar en estos temas, ponerse de acuerdo y, fundamentalmente, ser capaces de comunicar y convencer.




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